Mi Petirush querida.

Uno de repente escarba en sus cajones virtuales y se encuentra con verdaderas joyas personales.

En está ocasión regresé al 2008 y me vi situada en Haifa; ciudad del hoyo negro, la fría lluvia y las inalcanzables montañas. Recuerdo que sentada entre etíopes y sobre todo rusos, decidí disfrazar mi odio hacia el desorden que la Petirush construía en nuestro pequeñísimo “departamento” (que se parecía más a una especie de cementerio del tiempo), para convertirlo en un mail que la hiciera reír.

Mi Petirush querida: 

Al estar aquí en esta ciudad Haifa, llena de bruma en la cual la gente rusa camina y desprende un olor extrano a comida; lo único que me ilumina el día es tu cabello anaranjado con olor a shampoo israelí barato. Despertar y oler tu aliento mañanero me da las fuerzas para seguir con el día y de repente pensar en lavar los trastes llenos de col que no te acabaste y derramaste en el lavadero.